Una aventura en Bellas Artes 2, ballet Folklórico de Amalia Hernández


Por Juan de Dios Gómez V.

Como yo no había avisado a mis padres que pensaba quedarme en la Ciudad de México lógicamente se preocuparon al no tener noticias mías, para esto les mandé decir en que dirección estaba, fue en el edificio Hidalgo de Tlatelolco, un día en la noche estábamos como siempre en la bohemia y tocan la puerta, al abrir me dicen tienes llamada de tus padres, habían localizado un teléfono cerca de donde yo estaba, era el departamento de enfrente, al contestar y hablar con ellos les comuniqué mi decisión de quedarme a bailar en el Ballet Folklórico de México y me desearon que me fuera bien.

Como ya lo había comentado anteriormente solo hacía una comida al día (y fiada), con todo el ejercicio que se hace en las clases, los ensayos que eran en dos ballets, el de Amalia y el de Héctor fink (Ballet de la ciudad de México) no alcanzaba con esa sola comida para el desgaste físico que llevaba, al paso del tiempo mi madre me escribía cartas (no había redes sociales ni nada por el estilo) en algunas de las cartas me mandaba 10 pesos, en la época esa eran de papel, lo primero que hacía después de leer la carta, era ir a la panadería, compraba mucho pan para poder llenar el estómago.

La verdad fue muy desgastante mi estancia en ese tiempo pero no lo cambiaría por nada de este mundo.

8:00 am clases de suplentes con mi maestro Roberto Vidaña, 10:00 am clases con diferentes maestros como Luis Fandiño, Tulio de la Rosa, Xavier Francis, Valentina Castro y otros que no recuerdo pero eran los mejores maestros en su especialidad, 12:00 am ensayo con la compañía (los primero 3 meses solo veía los ensayos porque no pertenecía al ballet, 5:00 pm mas clases en el folklórico y de 6:00 a 9:00 ensayos con el ballet de Héctor Fink, ahi si eran ensayos pues desde el primer día me dieron un lugar en este ballet, salía como limón de elotero o como trapo de lavacarros, ya no podía ni con mi alma, el llegar al edificio donde vivía, que es de 4 pisos y sin elevador, en cada descanso de la escalera me paraba a tomar un poquito de aire y a descansar porque me dolían partes del cuerpo que ni siquiera sabía que existían… CONTINUARÁ

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