¿Teatro, cine o circo? Y la cultura apá?


Por Eduardo Sánchez

No logro entender el comportamiento de algunas personas del público en eventos culturales. Entran a la sala a presenciar una obra de teatro 🎭, un recital de danza o un concierto de música clásica 🎼 y pareciera que van a una función de cine 🎬, al circo 🎪 o creen estar en un pic nic.

Ayer acudí a cubrir un evento al Parque Cultural Reynosa. Sentada, en primera fila, a pocos asientos de donde yo me encontraba tomando fotografías, una jovencita daba cuentas de lo que parecía ser una chamoyada, nieve 🍨 o elote, y mientras veía la puesta en escena, raspaba vigorosamente con la cuchara el fondo del vaso para terminar su contenido.

Justo detrás de mi, de su bolsa de mano, una señora “discretamente” sacaba una bolsa de chicharrones para darle a dos niñas que se encontraban con ella y su acompañante. Las pequeñas encantadas comían mientras no paraban de reír viendo los personajes de la obra.

Tuve la intención de acercarme y comentarles al respecto, pero en alguna ocasión que lo hice, las personas se ofendieron y hasta fueron groseras. ¡Nos falta mucho qué aprender aún como público! Afortunadamente después del intermedio, me cambié de lugar.

Sin embargo, las cosas tampoco serían muy favorables. Un adolescente no paró de enviar mensajes de voz a alguien con quien platicaba vía whatsapp, mientras estaba literalmente acostado en el asiento. Ésto, aunado a los “flashes” de las cámaras del público (cuando se avisó antes de la tercera llamada que ESTÁ PROHIBIDO TOMAR FOTOGRAFÍAS CON FLASH 📸 ) parecía hacerme perder los estribos, pero opté por salir al vestíbulo, tranquilizarme y regresar a la sala para continuar mi trabajo.

Entonces reflexioné que como promotores culturales, comunicadores y creadores artísticos, tenemos una gran responsabilidad en no sólo formar público, sino educar audiencias.

De nada sirve colocar un cartel en la entrada de un teatro prohibiendo al público entrar con alimentos, si en el exterior hay máquinas expendedoras, incluso, si venden dentro de la misma sala, como sucedió con cierta temporada de teatro en otra institución cultural, que hubo momentos en que no se sabía si ibas a la presentación de una obra o estabas en un mercado o en una kermés.

El comportamiento no tiene que ver con el nivel socio económico de las personas, ni con la calidad del espectáculo, sino con E-D-U-C-A-C-I-Ó-N. En ediciones del desaparecido Festival Internacional Tamaulipas, me tocó cubrir eventos como la Orquesta Sinfónica de El Cairo, la Gala de Opereta de Budapest o la Compañía de Teatro Negro Lumeco de Praga, y “gente de socialité” no tenían un comportamiento precisamente adecuado.

Incluso, recuerdo que en la presentación de la obra “La casa de Bernarda Alba” con Ofelia Guilmain en el Teatro de Reynosa “Alonso González Leal”, me acerqué a una “señora bien” que se encontraba hablando por teléfono muy notoriamente para pedirle que si podía pasar al lobby a atender su llamada. Imaginarán su respuesta y un breve altercado que terminó con un “Para eso pagué mi boleto”.

Ahora ya no sabes con quién te vas a meter si llamas la atención a alguien, pues puede ser familiar o amigo de alguna persona poderosa, influyente o de gobierno (que de esos también los hay… y muchos).

Definitivamente, falta mucho por hacer. Demasiado.

Tú, ¿qué opinas?

Anterior Se suma DIF Tamaulipas a labor social de la SEDENA
Siguiente Inicia operaciones en Tamaulipas el parque eólico más grande de México y Latinoamérica

No hay ningún comentario

Deja tu mensaje