Al Vuelo-Sketch XVII


Octubre 24 del 2018

Por Pegaso
 Como siempre, en la parroquia de la parroquia de Guadalupe se encuentra el padrecito Varquera elevando sus preces al cielo, cuando de pronto escucha el llanto desgarrador de la Chabelita, quien llega bañada en lágrimas y limpiándose las mucosidades con el dorso de la mano.
-PADRE VARQUERA: ¡Dios mío!¿Por qué me sigues enviando este castigo?¿Por qué no se la mandas al padre Pompa?
-PADRE VARQUERA: ¡Ave, María Purísima!
-LA CHABELITA (Sorbiendo ruidosamente la mucosidad): Sin pecado concebida, padre.
-PADRE VARQUERA: ¿Qué te pasa ahora, Chabela? ¿Por qué prorrumpes en tales lamentaciones? (El prelado había leido recientemente algún drama de Shakespeare o Lumiére).
-LA CHABELITA: ¡Ayyy, padre! Vengo a que me salve del Demonio del Mediodía. He caído en el más abyecto de los pecados, y mi alma está condenada al Tártaro y al Cocito (La Chabelita había leído recientemente alguna tragedia de Eurípides o Sófocles).
-PADRE VARQUERA (Entregándole su pañuelo): Toma, límpiate esas viscosidades y dime qué es lo que te sucede, por el amor de Dios.
-LA CHABELITA (Limpiándose la nariz y regresándole el pañuelo al sacerdote): ¿Conoce usted a Pancho Chafira?
-PADRE VARQUERA: ¡Pero claro que lo conozco! Es un hombro probo y muy generoso. Siempre ha apoyado a las causas justas y da su diezmo puntualmente.
-LA CHABELITA: ¡Qué probo ha de ser! Es un alma llena de lujuria y concupiscencia.
-PADRE VARQUERA: No puedo creer lo que me dices, hija. A ver, cuéntame qué te hizo Panchito para que tengas tan mala opinión de él.
-LA CHABELITA (Bajando la voz, en tono de confidencialidad): Iba yo pasando por la calle Herón Ramírez, cuando el tal Panchito ese me hizo señas desde un edificio donde tiene una escuela. Y cuando me acerqué para ver qué quería, ¿sabe usted lo que me dijo?
-PADRE VARQUERA: ¿Cómo voy a saberlo si no me lo dices?
-LA CHABELITA: Pues me miró fijamente y me dijo (poniendo en blanco los ojos y haciendo la voz gutural): ¡Chabela! Mira qué bonita la tengo!
-PADRE VARQUERA: Quiero ser curioso y preguntarte, hija. ¿A qué se refería Panchito con eso?
-LA CHABELITA: Pues qué va a ser, padre. A esa cosota grande, negra y ardiente que traía en la mano.
-PADRE VARQUERA: ¡Válgame Dios! ¿Y qué fue lo que hiciste?
-LA CHABELITA: Me quedé pasmada. Nada más veía con los ojos bien abiertos aquello enorme que se movía de acá para allá en las manos del Panchito.
-PADRE VARQUERA: Y tú, como buena cristiana y obediente de las leyes de Dios, te retiraste de ese lugar.
-LA CHABELITA (Echándose a llorar).
-PADRE VARQUERA: ¿No te retiraste? Pero ahí acabó todo, ¿o me equivoco?
-LA CHABELITA: No, qué va. Cuando el Pancho se dio cuenta que me quedé petrificada me tomó de la mano y me la puso en ella.
-PADRE VARQUERA (Golpeándola en la cabeza con su biblia): ¡Toma, toma y toma! ¡Zascandil, perdida, pécora!
-LA CHABELITA: ¡Pero por qué me dice tan feo, padre!
-PADRE VARQUERA: ¿Y todavía lo preguntas, descastada? Bueno, ¿y después qué pasó?
-LA CHABELITA (Torneando nuevamente los ojos, con voz gutural): Me dijo: “Chabela, siéntela para que veas que está bien calientita, como a tí te gustan! Vente, vamos a ponerla en ese lugarcito que tú sabes…”
-PADRE VARQUERA (Nuevamente le atiza con su bliblia): ¡Tú y tu manía por los detalles! Ya sabes que no me gusta que me des tantas explicaciones… ¿y luego?
-LA CHABELITA: Me llevó caminando con su cosota en mi mano… estaba bien grande aquello, no como la de usted, que está bien chiquita…
-PADRE VARQUERA: ¿Y cómo sabes cómo la tengo yo?
-LA CHABELITA: Es que se la he visto dos o tres veces, padre Varquera. Está chiquita y flaquita, no como la del Pancho.
-PADRE VARQUERA: Debes saber que yo la tengo de tamaño normal, aunque bueno, un poquito arrugada por la edad.
-LA CHABELITA: ¿Qué es lo que tiene arrugado?
-PADRE VARQUERA: Pues mi… mira, mejor sigue contando qué fue lo que pasó. Ya me encargaré yo de ese tal Pancho cuando venga a confesarse la próxima semana.
-LA CHABELITA: Pues como le decía, me pidió que la colocara en una urna y ahí la mantuvo encendida hasta el día siguiente, cuando prosiguió la carrera.
-PADRE VARQUERA: ¡A ver, a ver! ¿De qué me estás hablando, Chabela?
-LA CHABELITA: De la Carrera Guadalupana, padre. Es que el Pancho Chafira la está organizando y los corredores tienen que cargar una antorchota bien grande y caliente, mucho más grande y gruesa que la que tiene usted en el santuario.
-PADRE VARQUERA: ¿Y todo este tiempo me has estado hablando de una antorcha?
-LA CHABELITA: Pues claro que sí. ¿Usted qué me entendió?
-PADRE VARQUERA: ¡Nada, hija, nada! Cargar una antorcha no es pecado. Reza tres Padres Nuestros y Dos Avemarías. Ve con Dios.
-LA CHABELITA: ¿No es pecado? ¡Gracias, padre! Es usted un santo (Besándole la mano y retirándose del confesionario).
-PADRE VARQUERA: ¿Ya lo ves, Señor? Mejor mándala a la caravana de migrantes centroamericanos a ver si allá la aguantan los maras salvatruchas.
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